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lunes, 1 de mayo de 2017

¿Qué significa la "constituyente" de Maduro para la República? Reflexiones de Hobbes, Caldera y Olavarría en un bar de la Galaxia



“Así es como muere la democracia en medio de un estruendo de aplausos” Senadora Leia Organa

Cuando el canciller Sheev Palpatine solicitó al Senado Galáctico poderes plenipotenciarios, en "Star Wars Episode Three: The Revenge of The Sith", todo el control militar de las tropas de la República fue transferido al Emperador bajo la promesa de que así se lograría finalizar la Guerra de los Clones.
Efectivamente la guerra finalizó, y entonces, el ejército de clones no regresó a las manos de la República, sentando las bases para su abolición y la creación del infame Imperio Galáctico.

¿Qué es una República y para qué sirve?

República, del latín “res puvlica” que significa “cosa pública” o “cuestión común”, es una forma de organizar el Estado y concentrar el poder, en principio, para ponerlo al servicio de los ciudadanos. Desde su acepción más simple, la República es esencialmente democrática, en tanto su mayor preocupación son los asuntos del pueblo.  Por ello la democracia es el mejor vehículo para fundir la alianza entre el origen, el ejecutor y el beneficiario del poder. La forma en que el poder se organiza y se administra dentro de la República ha sido el centro de un extenso debate, desde la Atenas antigua hasta el presente, en el cual se han expuesto las ideas que hoy dan forma al Estado moderno: Rousseau, Montesquieu, Madisson, entre otros han sido partícipes de ese debate.

Por eso es que en democracia la legitimidad (de la República) reside y emana del pueblo, el cual se expresa a través del voto.

La materialización de la utilidad de la República es también objeto de discusión. Allende su principio fundamental de servir al pueblo, los medios para alcanzar tal objetivo son el centro del debate político en el mundo libre. La cuestión es esa. No si las Repúblicas son buenas o no, o si deben servir al pueblo o no, la pregunta es cómo.

Esta forma de Estado también brinda el beneficio de servir como entorno propicio para el Mercado, como figura distributiva de la riqueza social. En sus ensayos sobre el derecho natural (iusnaturalis) el filósofo Thomas Hobbes acertaba que solo bajo un mínimo de condiciones de paz podían aparecer las instituciones sociales del mercado, el cual bien sea de paso, es el mejor instrumento para procurar el bienestar colectivo.

República, pueblo y mercado parecieran, entonces, estar hermanados.

Estas formas de Estado no son espontáneas. Las Repúblicas modernas son el fruto de un prolongado proceso de aprendizaje, el cual, a partir del conflicto entre las clases sociales por su inconformidad con otras formas de gobierno, dio lugar a esta particular forma de distribuir el poder que ha servido hasta ahora para proveer de una importante combinación de bienestar, justicia y estabilidad a la humanidad.

Pero mantener a las Repúblicas es costoso.

El 4 de febrero de 1992 el expresidente Rafael Caldera pronunció un discurso ante el antiguo Congreso de la República para referirse a los acontecimientos del Golpe de Estado dirigido por Hugo Chávez.

Link:

En él, Caldera menciona que ciertamente el Golpe significaba una lesión a las instituciones democráticas y el orden constitucional, pero que dadas las condiciones materiales que entonces atravesaba la sociedad, poco sentido tenía defender a la República en tanto esta no era capaz de satisfacer las mínimas necesidades del pueblo. Como si la República estuviese desconociendo el mandato para el cual fue constituida.

En 1998 Chávez es electo presidente de la República que el mismo había lesionado 6 años atrás. A partir de entonces, el militar hizo uso de los mecanismos democráticos para solicitarle al pueblo una mayor suma de poder, utilizando la equivalencia comunicacional entre líder y seguidores para justificar la conducción absoluta de Estado, y así, sepultar a la democracia en medio de un estruendo de aplausos.

La propuesta de la Asamblea Nacional Constituyente de Maduro supone una fractura definitiva del Estado republicano, pues salta sobre sus bases democráticas al proponer un esquema turbio para la elección de los asambleístas, y porque con ello, persigue el propósito de prolongar la estadía de su clase en el poder y no el bienestar del pueblo.

El chavismo utilizó a la democracia como medio para construirle su propia tumba. Hicieron elecciones mientras estas le fueron útiles a su proyecto. Ahora que ya no le son útiles, la desconocen y menosprecian con estructuras paralelas.

En los esquemas que rigen al chavismo, supuestos principios de una izquierda trasnochada y retrógrada que aún no se adapta a la nueva realidad del capitalismo mundial, el objetivo es hacer la revolución a través de la vanguardia del partido, aunque eso pueda significar, en algún momento, un detrimento del bienestar social.

Y todo esto es posible gracias a la anuencia de las Fuerzas Armadas.

Si la legitimidad emana del pueblo, la efectividad del poder reside en el monopolio de la violencia que esta detenta, y valga decir, que siempre puede haber monopolio de la violencia sin República.
Eso se llama dictadura.

Cuando el Canciller Palpatine dio la “Order 66” con la cual eliminó al consejo Jedi y a la mayoría de los integrantes de la Orden, lo hizo gracias a una “codificación” que los clones llevaban en sus genes, la cual, había sido introducida en secreto por los caminoanos.

El Chavismo tiene 18 años haciendo esa “codificación”.

El 5 de julio de 1999 Jorge Olavarría dio un discurso ante el Congreso de la República para referirse a las maneras del novel presidente Chávez. En él, señaló que este confundía la legitimidad que le confería ser electo por el pueblo con el poder absoluto del pueblo; él creía que eran la misma cosa, y que él, en sí mismo, era el propio pueblo.

Link:

Así fue como Chávez comenzó a desatar los demonios del militarismo. Usando a la democracia levantó el control que los civiles habían construido alrededor de los militares, para que ahora, 19 años después, estemos otra vez a la espera de lo que estos digan para dirimir el futuro de la República. Justo como estábamos hace un siglo.

Maduro quiere terminar de liberar el cepo, de poner fin al control que los civiles tenemos sobre los militares para hacer que la República esté a nuestro servicio, justo como hizo Sheev Palpatine con la República Galáctica. Bueno, al menos este lo hizo con un ejército de clones, incapaces de razonar por si mismos…


Ojalá este no sea el caso. Si no, ya sabemos que le pasó a la Galaxia.

viernes, 22 de julio de 2016

¿Por qué la “Ley de Protección del Salario” es un contrasentido y no debe ser aprobada?



El pasado miércoles 22 la Asamblea Nacional aprobó en primera discusión el proyecto de Ley para revertir el Desgaste del Salario, presentada por el diputado de Primero Justicia Tomás Guanipa.

Esta ley hace su aparición en la coyuntura local como un caballo de Troya, justo después de que el TSJ en otra de sus borracheras jurídicas decidiera dejar sin efecto la ley que obliga al Banco Central a consultar a la AN para contraer obligaciones en moneda extranjera (http://bit.ly/2ajarx0).

Aunque se sabe poco, se dio a conocer que la ley propone la formación de una comisión especial en la AN que revise trimestralmente la escala salarial para luego realizar su indexación de acuerdo a la depreciación del tipo de cambio nominal, (http://bit.ly/29QV22T) con miras a mantener su valor real ante las altas tasas de inflación. Una maravilla chico.

Para el mes de mayo, la inflación en alimentos (registrada a través de la canasta alimentaria del CENDAS) fue del 22,6% (mayo-junio), arribando a los 226.462,17 Bs, esto es  6.73 salarios mínimos, en un país donde el ingreso promedio por hogar era tan solo de 3 según cifras oficiales (http://bit.ly/1KFJ34U).

Esta realidad ha generado un empobrecimiento titánico de la población, el cual se ve reflejado en una contracción del 10% del PIB en el primer trimestre del año según una fuente cercana al BCV. Ante tan grave situación, el Gobierno Bolivariano no solo ha destinado sus energías a justificar esta debacle a través de la retórica de la guerra económica mundial y el fin del superciclo de las materias primas en 2012, sino que la respuesta más brillante que ha dado a la población es poner a sus cuadrillas políticas a repartir bolsas de comida casa por casa, cobradas en efectivo, sin factura, sin control y de vez en cuando. ¡Pero ya va a funcionar, aguanten!

El proyecto de ley introducido por Guanipa es una respuesta a esta problemática y una concreción de lo que fue su principal slogan de campaña electoral (http://bit.ly/29YSUEY). El problema con la propuesta es que es un absurdo. Un absurdo que tiene sus raíces hermanadas con la tradición chavista de aumentos salariales, que termina atacando las consecuencias y no las causas de los problemas que busca solucionar.

Indexar los salarios a partir de un índice del tipo de cambio nominal es, más temprano que tarde, dolarizar la economía. ¿Por qué? Porque si la variación de los salarios es compensada en una suma equivalente a la depreciación del tipo de cambio nominal, lo que estás haciendo es que los salarios se aten a un valor constante en dólares ¿cierto? Ahora bien, en el proceso de negociación laboral, digamos de un nuevo contrato, los trabajadores conscientes de la indexación negociarían directamente en términos de un valor “real” (o sea en dólares), el cual iría variando en términos nominales (cantidad de bolívares) conforme se va depreciando la moneda. Siendo los salarios un componente fundamental de los costos de producción, los contratos entre las empresas empezarían a reflejar esta nueva modalidad celebrando sus acuerdos también en términos de un valor constante (o “real”), esto es, en dólares.

Pero cuando todos los contratos se realicen en términos de un valor en dólares ¿para qué alguien querría usar los bolívares? Es de esperarse que paulatinamente las transacciones comiencen a realizarse en moneda estadounidense hasta abandonarse completamente la moneda, y con ello, eliminar la inflación. Hasta aquí tiene sentido ¿no? El problema con esto (además de las discusiones sobre el valor social que tiene la autodeterminación monetaria) es que para dolarizar hacen falta dólares. Consciente de este requerimiento, Guanipa presupuesta 2 mil millones de dólares para llevar a cabo el experimento, una vainita. Solo para hacer un ejercicio sobre el valor que ese monto representa en este momento, bastará con decir que para el día 18 de julio las Reservas Internacionales en posesión del BCV fueron de $  11.943 millones y que de ese monto hay una inmensa mayoría en oro, derechos especiales de giro y magia negra contable. Y ni hablar de eso en términos de importaciones de medicinas y alimentos; todo esto aparte de los $ 10.032 millones de deuda externa que la república debe pagar en 2017.

Lo que parece es que la dolarización “salarial” es en este momento una solución demasiado costosa y poco viable. Más aún si partimos de la premisa que para un nuevo gobierno – que desde su posición como dirigente de PJ le convendría convencernos de que está pronto a llegar – tener disciplina fiscal y objetivos de tasas no tendría por qué ser una misión imposible.  La inestabilidad de precios es una prueba superada por el mundo hace muchos años, y las reglas fiscales y monetarias necesarias para lograrlo cuentan con un extenso soporte para alcanzar su aplicabilidad en presencia de un gobierno serio ¿Somos los venezolanos incapaces de administrar nuestra propia moneda? ¿Es mejor renunciar a ese derecho? Yo creo que no. Dolarizar para acabar con la inflación es como usar un rifle para matar una mosca.  

Pero hay otro problema con indexación. Los aumentos salariales generan incrementos de precios por una razón muy simple: estás poniendo a una mayor cantidad de bolívares tras la misma cantidad de bienes, por lo que necesariamente los precios deben subir. Al final del día, el aumento no tiene ningún efecto real e incluso puede resultar hasta contraproducente.

Adicionalmente, a través de los costos los salarios afectan la competitividad de las empresas locales, lo que necesariamente debe ser compensado con un aumento del tipo de cambio. Pensemos por un momento en Mcdonalds. Si los salarios de los empleados en Caracas se elevan, para asegurar que el Big Mac siga costando lo mismo que en Nueva York el tipo de cambio debe aumentar para compensar el efecto. Esto ocurre en mayor o menor medida en toda la economía (dependiendo de cuan afilado esté el sable de la SUNDDE) y es un resultado natural del comercio internacional.

En el apéndice al final del texto se puede evidenciar, utilizando un modelo simple, cómo la indexación bajo el marco propuesto por Guanipa aceleraría la escalada de los precios ad infinitum. La razón se encuentra en varios años de protagonismo del “dólar paralelo” como referente en el mercado cambiario, el carácter especulativo inherente a un mercado poco organizado y la alta participación que tienen las importaciones sobre la canasta de consumo final de los venezolanos.

Este caso es un buen ejemplo de como la legislatura, en los últimos años ha apuntado a imponer de jure una forma a los hechos, sin considerar la relación bidireccional entre la economía y la política, como si se tratara de un acto de magia. En la ley está prohibido matar y robar ¿me explico?

La preocupación del diputado Guanipa es comprensible, totalmente válida y común a todos los venezolanos. Sin embargo, las soluciones no pueden provenir del mismo espacio de donde salieron los errores que nos trajeron hasta aquí. Puede que este proyecto tenga como verdadero fin servir como arma política, para intimidar al gobierno con sus mismas estrategias populistas, pero ¿es esa la forma en la que Guanipa va a recuperar el país? Espero que no, y que no le hagan caso.

En la oposición venezolana hay técnicos de altísima calidad y que seguramente pueden hacer congeniar a la economía con las restricciones políticas, pero no soluciones sacadas de un sombrero, sino con alternativas probablemente menos expeditas pero seguramente más duraderas.

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Apéndice

Un modelo básico de inflación de costos con inercia y deslizamiento periódico del tipo de cambio nominal nos dará una noción de los efectos de un esquema de indexación salarial 1:1 a la depreciación del tipo de cambio.

                Sea la inflación en el período “t” dada por la expresión:

P'(t) = a*w'(t) + b*s'(t)  (1)

Donde P'(t) es la inflación del período actual, w'(t) es la tasa de aumento salarial, s'(t) la depreciación del tipo de cambio nominal y a,b son los pesos relativos.

                Por su parte, los sindicatos renegocian cada período el aumento salarial en función a la inflación observada en períodos anteriores, en el caso de la ley propuesta, del trimestre pasado (t-1). Así, la inflación salarial vendrá dada por:

 w'(t) = c*P'(t-i) (2)

Donde “c” es un parámetro que indica el poder de negociación de los sindicatos y está definido c[0,1].

                De otro lado, el tipo de cambio nominal se deprecia a una tasa que depende de la inflación pasada para satisfacer la condición de paridad de poder de compra (ppp), así:

s'(t) = d*P'(t-i) (3)

Donde “d” es un parámetro de ajuste cambiario, constante y definido d[0,1]

                Sustituyendo (2) y (3) en (1) tenemos que:

P'(t) = a*[c*P'(t-i)] + b*[d*P'(t-i)] (4)

                Imponiendo la condición de indexación salarial 1:1 de la ley, d=c, por lo cual podemos reescribir (4) como:

P'(t) = (a+b)c*P'(t-i) (4.1)

                Si tomamos la solución general para una ecuación lineal en diferencia:

Y(t) = A*b^t + c
Donde c = 0, y bt = [(a+b)*c]t y bt >1

A pesar de no contar con estimaciones, la prolongada exposición a un esquema cambiario disfuncional ha podido haber alineado las expectativas de los agentes en torno al efecto de la depreciación del tipo de cambio nominal sobre la inflación, así como el factor especulativo que subyace tras un mercado poco transparente.  Entonces,

bt = (a+b)*c , pero (a+b)>1, entonces, (a+b)*c>1, por lo cual  bt >1

Apoyándonos en la solución general, para bt >1 la variable sigue una trayectoria exponencial creciente.




viernes, 11 de septiembre de 2015

Condena de Leopoldo: dictadura de hecho y derecho



Nunca ha sido santo de mi devoción, pero la condena a la cual fue sentenciado Leopoldo López es simplemente un exabrupto. No puedo sentir otra cosa más que vergüenza, por la forma tan primitiva y visceral con la que el Estado venezolano toma sus decisiones, recordando muy bien la forma en que se deciden los asuntos en una tribu o en una banda de malandros.

No puede ser una sorpresa para nadie que el resultado del juicio de López haya sido la condena a prisión. Desde el momento en que el dirigente político se entregó a las autoridades, el discurso de El Poder (porque es uno solo) ha sido claro en que se encargaría de llevar a López a la cárcel aplicándole con saña “todo el peso de la ley”; siendo la venganza, la única ley que conocen.

La desaparición de hecho de la independencia de los poderes democráticos y el mandato de la Revolución Bolivariana tienen prácticamente la misma edad, puesto que desde sus inicios como mandatario, el difunto Presidente Chávez se encargó de usar su popularidad para usurpar todo el balance de poder, el cual busca procurar el equilibrio y la justicia, para concentrar todo en un monolítico e indetenible puño rojo que es el que ayer castigó con toda su fuerza (haciéndose pasar por la mano de la justicia) a un adversario político, y no a un criminal.

A mi juicio, desde que inició “La Salida” López actuó de forma deliberada para acabar en prisión. La cárcel sería su mecanismo de mitificación como líder y mártir, catapultándolo a ser el centro de atención política de Venezuela, y por supuesto, convirtiéndolo en el líder indiscutible de la alternativa electoral al chavismo1.

En efecto, las encuestas muestran que su misión fue cumplida. Actualmente, López desplaza a Henrique Capriles como máximo referente de la oposición, y no solo eso, la bajísima popularidad de Nicolás Maduro lo convierten en el líder político más apoyado de todo el país. Sin duda alguna, para cualquier carrera presidencialista, este debe ser un objetivo deseado.

La historia venezolana se ha encargado de consagrar como elegidos a aquellos personajes que se han enfrentado en condición de minusvalía a un tirano. Y es que la épica de la Independencia que se enseña a los niños desde pequeños es exactamente eso: héroes de la Patria fueron aquellos que se enfrentaron al poderoso imperio español en condiciones de inferioridad, para lograr algo tan noble como la independencia, pagando un precio muy alto de forma desinteresada.

Esa receta para mitificarse ha sido utilizada innumerables veces en Venezuela para crear héroes y líderes políticos. La historia se encargó de sustituir el campo de batalla de la Guerra de Independencia, por la cárcel en la lucha por la Democracia; pero el principio sigue siendo el mismo.

Pienso que aún en su consciencia, (y no con esto quiero decir que no haya ninguna no haya ninguna nobleza en sus acciones) Leopoldo López midió mal la situación cuando decidió entregarse al Estado, secuestrado por sus adversarios políticos. Y es que ni siquiera puede hablarse de adversarios, pues la adversidad no implica la ofensa, tendríamos que hablar de sus sicarios políticos, pues estos sin escrúpulo alguno están decididos a usar cualquier medio para mantenerse en el poder, por encima de cualquier cosa.

Lo visto en estos últimos meses de enjuiciamiento de López no es más que otra burla de la cúpula de la Revolución Bolivariana hacia la insepulta democracia venezolana. Moribunda desde hace décadas, y quizás solo viva en las urnas (no de entierro, si no de votación), el método de solución de conflictos que plantea la democracia y la constitución no es más que un freno moral para el gobierno, en sus ansias de controlar absolutamente todo. Y digo que solo un freno moral, pues traspasarlo implicaría para ellos dejar de ser una dictadura de hecho, para volverse una dictadura de derecho.

A pesar de todo, la solución de Venezuela sigue estando en la Democracia; es imposible pensar en una solución democrática que no salga de ella misma. La única forma de recuperar los poderes, es haciendo ejercicio de ellos, de allí la importancia del voto y en consecuencia, de la oportunidad que tienen los venezolanos de fortalecer su sistema 6 de diciembre en con las elecciones parlamentarias.

Cuando la ley se trasgrede y se pisotea, esta pierde valor. Al perder valor, con ella puede hacerse lo que se desee, incluyendo el abuso y la injusticia. Las leyes emanan del pueblo, representado en la Asamblea a través del voto. Venezuela necesita recuperar sus leyes para recuperar la justicia, entonces, a los venezolanos democráticos no les queda más que votar.  


1  Y me refiero a así a la “Oposición” pues considero que esta  no ofrece una alternativa en términos de proyecto político que sea visible a la nación, sino que actúa como medio para “castigar” la mala gestión del chavismo. 

martes, 1 de septiembre de 2015

Yo nunca había ido a Maracaibo



La capital zuliana había sido una frontera inalcanzable para mí en toda una vida de viajes, siendo hijo de un comekilómetros como mi papá, y habiendo recorrido yo mismo con un morral a cuestas varias fronteras. Así, a pesar de varios intentos, creé un misticismo alrededor de esa ciudad de calor, frituras, palabras exóticas y mujeres hermosas.

Nada ocurre por casualidad. Ya la vida se había encargado de enseñarme sobre la existencia de una fuerza superior que se encarga de hilar las cosas para hacer redes de felicidad y buenos momentos. Aquellas cosas que llegan a la vida de forma inesperada, o por rutas que no son las que uno estaba esperando, suelen traer entre manos lo más valioso de todo.

Yo nunca había ido a Maracaibo, hasta que cumplí 20 años. Tuve que esperar a tener un amigo holandés para poder ir y descubrir el mito. El transporte público prehistórico, la comida tri-frita y las calles infernadas por el calor, todo eso rodeado por un montón de gente, en su mayoría pasada de peso, gritona, bullera, infinitamente amable, simpática y servicial. Quizás fue suerte, y coincidió con mi primera vez, pero para alguien acostumbrado a viajar sin tomar apegos ¡con qué facilidad me hicieron sentir en casa!

Para uno no es siempre fácil asimilar la facilidad con la que esa gente, los que viven allá en medio del calor y El Lago, se vuelven con cordialidad y optimismo hacia ti. Debe ser lo que yo llamo “El Síndrome del caraqueño” - que consiste más o menos en la expresión de esos prejuicios malos que uno carga por vivir en Caracas – lo que te impide comprender ese fenómeno con facilidad.

Nunca pensé, aunque tenía indicios para hacerlo, que en esa primera incursión a Maracaibo iba a encontrar el amor, hecho una persona, o personita mejor dicho. Quizás ella tampoco lo sabía, porque al fin y al cabo también me estaba encontrando; quizás no era a nosotros quienes buscábamos, pero secretamente estábamos queriendo encontrarnos. Tal vez fue la lluvia que allá nunca cae, pero esa noche cayó, o tal vez fue el calor, que a ambos nos fundió las manos, la piel y los sentimientos.

¿Cómo hace un caraqueño que se enamoró de una maracucha? ¿Cómo se explica eso? Tanto hablar de las Águilas del Zulia, de Ricardo Aguirre y la Grey Zuliana, tantos años criticando una dieta desmedida en grasas y el acento cantado para terminar muerto de amor, anhelando el sabor de un pastelito de papa con queso, el frío que se le sube al cerebro a uno con un cepillao o una caminata hirviente en la Vereda del Lago; aprendiéndose las canciones de los grupitos boyband de allá, leyendo Panorama y de vez en cuando traicionando al acento caraqueño con un voceo mal enunciado.

Yo nunca había ido a Maracaibo, hasta que la conocí a ella. Nada ocurre por casualidad, no en vano me había tardado toda la vida en visitarlo por primera vez, ya la Providencia me tenía algo preparado. No hace falta explicar nada cuando uno tiene ganas de vencer al tiempo, la distancia y su grupito para estar con el amor de la vida. Yo siempre voy a Maracaibo, me gusta mucho, tanto, que me enamoré de un pedacito suyo, tanto, que me lo quiero traer. 

lunes, 11 de agosto de 2014

"Nunca supe sino hasta que me despedí de él si se trataba de un secuestrador o del mejor mensajero del mundo"



Quisiera compartir una historia sobre algo increíble que me pasó: estando en Margarita una persona me llama desde un teléfono particular desconocido para decirme que ya está llegando a mi casa para llevarme el pasaporte - yo había contratado el servicio en la oficina del SAIME cuando fui a hacer el trámite hace unos meses atrás - me dicen que ya vienen por el parque Sanz y que baje. Se trataba de una voz masculina, amable aunque apurada, con un ruido de fondo con olor a smog y aceite quemado que entonaba con su acento de pocos libros y mucho trabajo. Ya yo no estaba paseando, cuando uno camina por los pasillos del Parque Costa Azul no espera una llamada de ese tipo, mucho menos un sábado a las 3pm. Entre el miedo y el asombro respondí que me encontraba en la isla y que no podía recibirlo, él respondió preguntando si no había alguien más en casa que lo recibiera, pero le respondí que no. A tal imposibilidad, el hombre me dice que él me puede hacer el favor de guardármelo y que luego nos podemos encontrar en la zona para dármelo, "a título de pana" ya que él era vecino de la California Norte; me argumentó que si no me lo entregaba personalmente el documento debía a ir a una especie de almacén central del SAIME donde probablemente se perdería y después no lo podría recuperar.  Más extraño aún fue que me preguntase cuánto era el costo del envío del documento, para luego responderse así mismo diciendo 120 Bs; también me hizo énfasis en que no me olvidase de poner algo para “su propinita”, yo le dije que sí que no había problema con eso, luego él sacó la cuenta y me dijo como de forma dubitativa que serían 170 bolívares. Yo le respondí que estaba bien.

El simple hecho de que me llamaran para decirme que me iban a dar mi pasaporte después de 4 meses de espera ya era algo emocionante, pero que además de eso fuese un sábado a las 3 de la tarde, y que me ofreciesen guardármelo para luego dármelo "a título de pana" sin mayor consideración, produjo en mí un efecto estupefaciente. Todo esto mientras caminaba hacia el estacionamiento del centro comercial, teléfono en mano.

Le pregunté si no podía mandarlo a casa de un primo que vive en la California, a lo que me respondió que sí, entonces  le dije que iba a confirmarle y lo llamaba de vuelta, él volvió a insistirme en la posibilidad de guardármelo en caso de que mi primo no estuviese y volvió a advertirme del destino que podía correr el documento si lo devolvía a la central. Quedamos en que le devolvería la llamada. Ya había salido del aire acondicionado del centro comercial y estaba en el carro de mi amiga y profesora Zonia Marcano, con quien estaba paseando; entonces la cabina del carro se convirtió en el mismísimo infierno prendido por el calor abrazador que produce el solazo margariteño en el latón expuesto a medio día, aunado con el pandemonio interno que me rasgaba los sesos pensando en que si perdería mi pasaporte, que si era un intento de secuestro, que si mi primo estaba o no, que si en este país todo era una matraca.

Llamo a mi primo y le pregunto si me puede hacer la vuelta, me dijo que sí, que no había problema. ¡Uf! Menos mal, problema resuelto. Llamo de vuelta al hombre y le digo que sí, que puede pasar por donde mi primo y le doy la dirección, él me responde que todo chévere y que no me preocupe, sí me recuerda que no me olvide de su propinita, que unos “50 bolivitas” al menos, y me desea un feliz viaje, cuelgo el teléfono. A todas estas yo había olvidado decirle a mi primo lo que tenía que pagar, entonces lo llamo otra vez y le pregunto si me puede hacer el favor de poner la plata, que yo le pago al llegar; pero me contestó que ahí si no me podía ayudar porque estaba limpio y no había más nadie en la casa. ¡El cdlm, otra vez a parir la vaina! Ya estábamos como a la altura del Lagunamar, vía playa el agua. Empecé a quejarme del servicio: ¡que a quién se le ocurre llevar eso un sábado!, ¡qué bolas estos matraqueros del coño!, ¡por eso este país está vuelto un desastre! A todas estas, Zonia haciendo uso de su acento margariteño, capaz de hacer ver cualquier problema como una tontería sintetizada en esa caídita de la voz que hacen al compás de que te dan la solución al asunto, me decía: “¿mijo pero en qué país crees que estás tú?”.


Decidí llamar a mi papá. Le cuento el lío y le pregunto si él no me puede hacer el favor de recibir el pasaporte. Su respuesta fue muy clara: “hijo estos no son horarios ni formas de andar entregando esa vaina, llama al tipo y mándalo al carajo, que te lleve tu vaina el lunes y punto”, a lo que luego suavizó diciendo “si la vaina se pone dura, avísame para decirle a los vigilantes del edificio que te lo reciban”. Luego hubo un silencio. El estupor de las matas secas de Paraguachí se metió por el vidrio torcido de la ventana y detuvo el ventarrón de emociones que me estaba cayendo. Así como en cámara lenta, pensé en las palabras de mi papá “(…) manda al tipo al carajo” “dile que te lleve tu vaina el lunes”; fue como cuando Morpheus esquivó los tiros en Matrix. Recobré los bríos, el aire volvió a correr, decidí llamar al tipo. Marco el número y me atiende rápido, ya yo me identificaba como “el chamo que está en Margarita”, y entonces le conté la imposibilidad de mi primo; acto seguido, le pregunto con tono acomodaticio, esperanzado, así por debajito como uno le habla a los funcionarios públicos en las oficinas, “¿mi pana tu no me puedes llevar esa vaina el lunes?”. En mi mente había una moneda dando vueltas en el aire, en un lado decía pasaporte y en el otro: infierno. Con voz dicharachera, el hombre respondió: si va mi pana, no hay rollo con eso. Y entonces todo cambió, así como las gradas se levantan cuando anota el equipo local para pasar del silencio espectador al rugido de celebración, así estaba yo. Le di las gracias, que le agradecía mucho y que disculpase las molestias; traté de comentar un par de cosas como para congraciar su gesto y  le dije que yo volvía de viaje el domingo en la tarde; pero entonces sucedió otra cosa inesperada: me dijo: “¿ah, mañana? Pero si quieres te lo puedo llevar mañana en la noche”. Volví a caer en el desconcierto. Ya el personaje me había inspirado un mínimo de confianza, pero cuando dijo eso todo se desplomó. Pensé: ¿¡Quién demonios va a repartir un pasaporte un domingo en la noche!? ¿¡Quién demonios hace nada de trabajo en este país un domingo en la noche!? Para salir del paso le dije que el vuelo llegaba muy tarde, que mejor el lunes. Él dijo que ok, que a primera hora me estaba llamando.

Desde ese momento y hasta que Zonia me dejó en Playa El Agua lo que hice fue formular conjeturas sobre si estaba en presencia de una estafa o algún plan delictivo, o si se trataba en efecto del mejor mensajero del mundo. Hicimos consideraciones sobre la factibilidad de que fuese un secuestro o algo por el estilo, en verdad no había motivo alguno para pensar eso más allá de la increíble disposición a trabajar del hombre, cosa que rompía como un martillo el molde de empleado público venezolano que tenemos. Terminado el suceso, llamé a mi papá para darle el nuevo status y me dispuse a tomar Heineken, comer pescado y disfrutar de mis últimas horas en la isla; recuerdo haberle dicho a Zonia: “no quiero volver a Caracas, ni siquiera he llegado y ya me está atormentando”.

Llegó el lunes en la mañana y yo iba a recibir mi pasaporte. Me levanté temprano y puse el celular a cargar en el único lugar de mi casa donde hay suficiente señal como para que entren las llamadas; le coloqué el volumen al máximo y activé la vibración, y me puse a hacer los quehaceres en la sala. Se me ocurrió meterme en la página del SAIME para consultar el status de mi trámite – cosa chévere que tiene el servicio – y decía que el pasaporte estaba impreso pero que no había sido llevado a la oficina y mucho menos entregado a mí. Eso me generó más suspicacia aún, llamé a su 0800 tratando de hablar con alguien que me aclarara, pero la contestadora terminó por decirme que si tenía algún comentario lo mandase por correo. Desistí de tal intento. Nunca llegué a guardar su número pero ya lo reconocía porque empezaba con un 71 y era 0416. Como a eso de las 8am le mandé un mensaje de texto diciéndole: “Epa es Rafael el muchacho del pasaporte en la Sanz que estaba en Margarita, avísame cuando vayas a pasar para estar pendiente, saludos”. Al poco rato me llamó y me dijo que andaba por la Urbina y que pasaría en el transcurso de la mañana, otra vez con el mismo tono apurado, dicharachero y cercano; le dije lo que había visto en la página sobre el status del trámite a lo que me respondió “hermano yo lo tengo en mi mano”, no tuve objeción. También le pregunté si debía entregarle el comprobante con sello morado que te dan en la oficina, a lo que me respondió que no hacía falta, que él no se enrollaba por eso, que si quería lo plastificara y lo guardase de recuerdo y se rio, yo fingí también reírme.  Me volvió a decir que no me olvidara de su propinita, le dije que estuviese tranquilo.


Como a eso de las 10:50am sonó el teléfono, fui corriendo a contestar y vi el 005841671(…), era él. Me dijo que estaba abajo, que bajara. Le pedí a mi hermano 150 bolos prestados porque la noche anterior me había gastado lo que tenía tomando cervezas en unos chinos en Los Palos Grandes – en verdad mi vuelo de Margarita llegó fue el sábado en la noche, pero no quise que el hombre fuese el domingo y por eso le dije que volvía ese día – también le pedí que me acompañara a ver desde lejitos por si en verdad se trataba de un secuestro o algo; en realidad, nunca supe a ciencia cierta sino hasta el final cuales eran las intenciones reales de esa persona que me llamaba diciendo que tenía mi pasaporte, solo actuaba esperando lo mejor. Bajé con los 170 bolos, el comprobante de sello morado por si acaso y mi hermano. Al salir al portal vi desde lejos a dos personas, un señor de lentes y cachucha de cuero – de estas que usan los señores que juegan al dominó – de unos 50 años, y otro con un casco y chemisse marrón, de unos 37 que asumí era el mensajero; tenían buen aspecto. Salí y el hombre me saludó – “¿Rafael?” – Sí, mucho gusto. – Un placer vale, tú eras el que estaba en Margarita. – Sí, era yo, disculpa la molestia –No tranquilo ¡qué bueno estar de viaje! (risas). La voz apurada y dicharachera, ahora con imagen y forma, me entregó mi pasaporte, me dijo que revisara que todo estaba en orden y en efecto, todo estaba bien. Le ofrecí nuevamente el comprobante y me dijo que no, que solo debía firmar una factura como recibido porque ese comprobante expira al mes de hacer la solicitud y ya no valía de nada – luego leí en la parte inferior del papel y confirmé lo que dijo – Le di nuevamente las gracias; ya había terminado esa aventura psicológica de escenarios múltiples y consideraciones fundamentadas en prejuicios y experiencias previas, angustia, molestia, miedo, incertidumbre, todo eso en una espiral de especulación que para él nunca existió. Me dijo que estaba a la orden, que en él tenía un pana – Ya tienes mi número, aquí tienes un pana. Le pregunté si hacía encomiendas y me dijo que sí, a lo que me dio su tarjeta. Le di el dinero con su propina y le volví a agradecer por su servicio, le felicité por su trabajo y le di un apretón de manos. Él sonrió y se fue.

El protagonista de esta historia es Frank Manuel, tiene unos 37 años, es moreno y trabaja repartiendo encomiendas. También es emprendedor y tiene una empresa de fabricación de productos artesanales que van desde aceite de oliva y miel de abeja hasta jalea real y vinos artesanales. Nunca supe sino hasta que me despedí de él si se trataba de un secuestrador o del mejor mensajero del mundo. Todo esto sucedió hace como una hora, del lunes 11 de agosto de 2014. Sentí la necesidad de escribir algo contando lo sucedido para dejar testimonio de un evento tan sorprendentemente bueno. Esta persona me enseñó a prohibirme decir que en Venezuela todo está perdido; nunca lo estará mientras haya otros como él dando sorpresas en cada entrega y dándonos insumos para hacer las cosas mejor de lo que los demás esperan. No sé cual sea su condición política, a juzgar por el logo en su tarjeta probablemente sienta simpatía por el gobierno, pero no me importa ni en lo más mínimo porque se trata de una persona que agrega valor a este país. La diferencia entre la Venezuela que tenemos y la que queremos no la hace nuestro color de piel, ni si somos pobres o no, ni si somos chavistas o no, ni si tenemos los dientes derechos o volados; la diferencia la hacen los valores que rigen nuestras vidas y como los vivimos en el día a día. Al fondo de la tarjeta que me entregó dice referente a su empresa: “Esta organización contribuye a compartir bienestar con la más importante de las empresas: la familia y el hogar.” Ojalá este texto sirva para contagiarte de esa alegría que me inspiró tan agradable sorpresa, y nos sirva a todos a mejorar y ser mejores personas para tener el país que queremos, así como Frank Manuel, el mejor mensajero del mundo.




FIN

martes, 25 de febrero de 2014

La cagamos, otra vez.



Entre el catálogo de insensateces que puede cometer un político venezolano hoy en día - y especialmente uno de oposición - la mayor de todas ellas es, sin lugar a dudas, desplegar un discurso complaciente que le diga a la masa lo que quiere oír aun cuando el mensaje discorde con la forma coherente de la realidad. Es esa instrumentación discursiva infame la que los politólogos denominan populismo y que tantos réditos ha pagado al chavismo en casi dos décadas de proselitismo y complacencia desmedida. Pero también es la misma receta que recientemente han aplicado los dirigentes Leopoldo López /MCM al dirigirse a la sociedad antichavista y proponerles La Salida al gobierno necrosado de Nicolás Maduro a través de mecanismos difusos, los cuales gozan de receptividad en la masa dado el contexto de obstinación y desespero en el cual se presentan, pero que a la postre terminan siendo estériles dada su naturaleza desordenada, inconexa, desorientada y excluyente de cara al Gobierno (actor principal), el pueblo antichavista y muchísimo más importante, de cara al pueblo chavista (además de otras razones que ya he explicado en publicaciones anteriores). Todo esto en el marco de una crisis económica diagnosticada como crónica y autoinmune, que empezaba – y continúa – a recrudecerse y hacer mella en ese electorado tradicionalmente oficialista pero que cada vez miraba con mayor recelo a Maduro, dado el impacto negativo ineludible que causan la escasez y la inflación, y que cuando volteó al otro lado de la verja para buscar una alternativa, se consiguió con basura y escombros ardiendo en medio de unas barricadas.    


El tema de la crisis económica no es cuento. Como es del dominio público los dos índices con mayor impacto en la sociedad – y principalmente en los segmentos de más escasos recursos – han evolucionado de forma meteórica en los últimos 6 meses alcanzando cifras record que se evidencian en anaqueles vacíos, colas humillantes para adquirir productos regulados, centros comerciales desiertos desde diciembre, contracción drástica del poder adquisitivo y descontento, mucho descontento. Es un error garrafal pensar que al chavista le gusta hacer colas afuera de los Mercales y pdvales para comprar una bolsa de leche, o que no se siente más pobre cada vez que pone un pie en la calle para ir a trabajar; es cierto, hay muchos que se creen la cháchara de la guerra económica – y todas las guerras clónicas que inventan en el laboratorio comunicacional del Gob. – pero hay una porción importante que no, creciente en la medida en que la situación se agrava, formando un mosto político que de no haber incurrido en desenfrenos impulsivos como La Salida, hubiesen significado una capitalización estratégicamente determinante para la oposición.

Aunado a ese caldo de cultivo para el malestar creado y atizado por Giordani, Ramírez, Merentes y su séquito, se encuentra la horizontalidad política que supone un receso electoral de casi dos años, de aquí hasta diciembre de 2015 cuando sean las elecciones parlamentarias. Un receso electoral se traduce en una oportunidad para los partidos políticos – que son las agrupaciones sobre las cuales, en últimas, se fundamenta la democracia – de hacer lo que se conoce como trabajo de base, lo cual no es otra cosa que dedicarse a fortalecer la ascendencia discursiva en los grupos organizados de la sociedad (universidades, sindicatos, juntas vecinales, consejos comunales, asociaciones civiles etc…) principalmente en aquellos sectores donde se tiene menor influencia, es decir en los barrios. La importancia de este trabajo es inmensurable y además ya ha demostrado dar réditos a quienes la han practicado, Ocariz en Petare, Henri Falcón en Lara, Machín en Barinas, son algunos de los escasísimos ejemplos en los que la oposición ha hecho trabajo de base y ha conquistado espacios electorales que antes tenía fuera de su espectro. ¿Cuántas personas cree usted que aportan los sindicatos y los consejos comunales – por mencionar solo dos tipos de organizaciones sociales – a las concentraciones del chavismo?, motus proprio o no, tenga la seguridad de que son muchas y a través de ellas se consiguen muchos votos en las elecciones; lo mismo pasa con los partidos políticos y su capacidad de acción, la cual se nutre del trabajo y capacitación de sus activistas. Hoy por hoy la oposición no tiene una maquinaria comparable ni en los más idílicos sueños a la del chavismo, la cual le permita articular esfuerzos para la consecución de objetivos (marchas, elecciones, concentraciones etc), y por eso es incapaz de penetrar con eficiencia en los fortines rojos los cuales han sido blindados sin descanso durante 15 años. Y como si todas estas desventajas estratégicas fueran poco, está el resultado de las elecciones municipales del 8D, que fueron planteadas por iniciativa propia de la oposición como un plebiscito y que significaron una derrota electoral además de una legitimación del gobierno de Maduro, quiérase o no, que termina por restar más fuerzas al argumento sobre el que se plantea La Salida, de que la mayoría del país desaprueba la gestión de Maduro. Es en este contexto donde López y Machado emprenden su aventura de insurreccionar al pueblo ante el mal gobierno y los abusos para que, como una aplanadora, este imponga su voluntad soberana a los excesos de la partidización del Estado y se reestablezca el estado de derecho en la nación. 

La insurrección popular es el mecanismo último de restitución de la voluntad nacional cuando el Estado ha sido secuestrado por un grupo de poder, impidiendo que los mecanismos de alternancia y cambio previstos dentro de sí mismo (la Constitución) sean valederos para cesar la opresión del pueblo representado por su gran mayoría, si el sistema fuese democrático. Mayoría, esa es la palabra clave para comprender la inconveniencia del emprendimiento de López/Machado en el contexto descrito anteriormente. Existe un consenso entre los venezolanos sensatos (descarte de una vez a la cúpula chavista) sobre la fractura casi simétrica de la población en dos partes que se contraponen la una a la otra en un incesante juego de destrucción que impide, además del progreso y el desarrollo idóneo del país como Nación, la imposición de la voluntad absoluta de una facción sobre la otra, al menos sin que eso signifique una resistencia sensible que genere un clima de tensión y separación social funesto al tanto que propicio para la proliferación del radicalismo y la violencia. Es precisamente esa suerte de ambivalencia política de la sociedad lo que hace inviable una maniobra como La Salida, que nuevamente, supone el cese del gobierno chavista como respuesta a la demanda de – en el más ideal de los casos – la mitad de la sociedad venezolana activamente en la calle. Es imposible, léaseme bien, imposible imponer la voluntad soberana del pueblo, aun en una situación de absoluto secuestro del Estado por parte del chavismo, cuando no existe una gran mayoría nacional que represente el inmenso e irrevocable deseo de la población en cuanto a la permanencia o no de un grupo político en el gobierno, bajo los preceptos que rigen la democracia aun en desobediencia civil y sin que ello signifique un golpe de Estado. Es contradictorio el discurso de La Salida cuando se reconoce la división igualitaria de la población (que no es lo mismo que del país, el país también contempla al Gobierno, la fuerza armada y dentro de la misma población ese segmento que está armado y organizado para defender su cuota de poder) pero a la vez propone la imposición de una Voluntad Popular que ni siquiera está definida; es decir, le dice al pueblo opositor que es posible deponer el mal gobierno de Maduro sin hacer previamente un trabajo de captación del sector inconforme del chavismo y su posterior articulación para la consecución efectiva de objetivos, a través de la participación activa de la ciudadanía en los sectores marginales,  lo que en criollo se denomina: vender humo.


Las expectativas sobredimensionadas que crea el discurso populista generan una reacción impulsiva y desordenada de quienes reciben el mensaje. Este impulso, tan brusco como vigoroso, ciertamente puede ser útil para arrancar otros procesos que de forma indirecta desaten una cadena de eventos favorables que terminen por cristalizar los objetivos primarios, y en eso le doy la razón a López/Machado. Pero para que eso ocurra tiene que existir una dirigencia política apta que canalice y ordene ese impulso de forma tal que no se diluya producto de la ineficacia y que por el contrario, su acción se focalice en aquellos medios donde puede desatar otros acontecimientos deseables. Pero también en ese sentido hemos fallado (y aquí comparto la culpa porque reconozco no haber hecho nada por ser parte de esa dirigencia en mi entorno, en mí caso, estudiantil) al dejar a la libre interpretación de la población que compró el discurso la forma de protestar, los horarios y los sitios, lo que ha terminado por generar este desorden de barricadas y guarimbas en puntos históricamente opositores de las ciudades históricamente opositoras, encerrándonos en nuestras propias calles, tragando nuestro propio humo, durante las noches cuando la guardia y los colectivos vienen a masacrar. No es que la barricada esté completamente mal, pues sirve para mantener vivo el movimiento mientras que en la Mesa de la Unidad se acaban los puñales y se decantan por una u otra postura, pero es a todas luces una protesta estéril e infructuosa que por demás se alimenta del abuso Guber-y Paraguber-namental puesto que, y en ese sentido dejémonos de formalismos, es la represión lo que hace interesante a la rebelión. Además de todo cuando López se hace apresar – porque era obvio que el gobierno iba inventar algún pretexto para encarcelarlo – le echa leña a esa hoguera que es el ánimo de la gente harta de esta miseria en la que la Revolución ha convertido al país y que está dispuesta a fajarse con quien sea para sacar al gobierno y, ahora con renovados vigores, sacar a su líder de la cárcel. No hay nada más romántico que un encarcelamiento injusto y la subsecuente tragedia de su rescate, eso lo sabía López y con ello se logró posicionar cuidado y si no como líder absoluto de la oposición – todo esto en desmedro de Capriles, que no hace falta decir cuánto ha hecho por la democracia – con la mira puesta, quizás no en el corto plazo, pero si definitivamente en Miraflores. 

Toda esta zambumbia política-social-económica, tristemente acompañada de jóvenes muertos, heridos, torturados, violados y desaparecidos; con un desbordamiento del uso infame y represivo de la fuerza bruta de las manos armadas (militares y colectivos), que no hace otra cosa más que desenmascarar ante el mundo – aunque a los efectos internos eso es de poca y ninguna ayuda – el carácter abusivo, estalinista y dictatorial de este régimen; todo este caos le viene como anillo al dedo al gobierno para zafarse una vez más de la responsabilidad de su ineptitud ante su parcialidad. Como una piedra de pelar ajos, el chavismo ha empleado la misma táctica de desviación de atención desde que llegaron al poder y la oposición, sistemáticamente y de forma absurda, le ha comprado la pólvora. Las guarimbas y barricadas, todas atribuibles a La Salida, son insumos de excusas para justificar los males que ellos mismos crearon – sobre todo la escasez que es el fenómeno con mayor costo político asociado – por su ineptitud en el manejo del país. No van a demorar, si es que ya no lo están haciendo, los funcionarios que salgan a declarar que la escasez es porque los camiones no pueden circular por las barricadas, o que el racionamiento de comida en PDVAL es por saqueos y problemas en el transporte fruto de los “grupúsculos violentos fascistas, mil veces fascistas” como ahora se han empeñado en llamar a los manifestantes estos tipos fachos del gobierno. 

La incapacidad de rebatir el discurso adoctrinador y el flujo de información manipulada que emana del sistema gobbeliano y hegemónico de información oficial, estratégicamente elaborado para dar vida de forma masiva a cualquier fantasía retorcida que fecunden las mentes castrenses, castradas y castro-comunistas de la élite revolucionaria, representa una desventaja abismal. Tal será el poder de distorsión de ese aparato que fue capaz de hacer invisible en la redoma de Petare una concentración de 9 cuadras en la av. Francisco de Miranda a la altura de La California a solo un kilómetro de distancia. Olvídese de que con Twitter y Facebook será posible ni siquiera acercarse al poder de una cadena nacional, menos repetida sistemáticamente, con un discurso manipulado y estructurado para aniquilar cualquier posible consideración de la oposición como alternativa política no violenta en la mente de un chavista. 


¿Cuáles son las alternativas para la oposición? ¿Mantenerse quemando cauchos y haciendo barricadas? Por sí solo es estéril y muy costoso socialmente ¿Una guerra civil? Imposible, además de ser una infamia no hay posibilidad de combate cuando se enfrenta al ejército regular, al irregular, a los colectivos armados, la milicia y el pueblo chavista. Una guerra civil es imposible, una masacre suena más factible. ¿Asumir la conducción absoluta de la protesta? Es lo más razonable, pero implica definir una línea clara que no es popular en estos momentos. Es necesario que alguien (Capriles está llamado a hacerlo) haga una exposición sin pelos en la lengua de la situación, le diga a la gente que se deje de esa pendejada de estar quemando calles y que se active a marchar masivamente y a patear calle en los barrios y caseríos. Cada vez que hay una cadena, cada vez que un chavista pasa por una calle trancada, cada vez que se produce una situación anárquica, cada vez que eso pasa y pasa por la mente de un chavista descontento, la oposición se debilita; no porque pierda adeptos sino porque se cierra las puertas para ganarlos, es una especie de auto-campaña de descrédito. Piénselo así, si usted está incómodo con su líder y está buscando una nueva propuesta, no va a optar por la de los cauchos en llamas y los tipos con capuchas. 

Ojalá yo esté equivocado en todo lo que dije, y más aún, ojalá aún no sea demasiado tarde.

RL


viernes, 14 de febrero de 2014

¿Por qué somos los venezolanos adictos al conflicto y a qué nos lleva #lasalida?


Pareciera ser que nada en nosotros ha cambiado desde aquellos tiempos en que nos arrancábamos las extremidades a machetazos y lanzazos en las llanuras de la Primera República. Pareciera que seguimos estando atados a ese barbarismo indómito que galopa sobre las planicies siguiendo la misma senda de destrucción y sangre que dejaron Boves, Monagas, Gómez… Pareciera que Santos Luzardo no ha podido ganarle la pulseada a Doña Bárbara y que esta lo sigue torpedeando desde el tremedal, que Ño Pernalete sigue administrando nuestra injusticia y que los Mujiquitas cada vez duran menos. Pareciera no, estoy seguro de que seguimos siendo los mismos venezolanos que se mataron durante 5 años de Guerra Federal, al galope de los caudillos, todos hábiles y bribones, seguimos siendo los mismos solo que cambiamos las lanzas, las bestias y los machetes por pistolas, motos y redes sociales.

¡Vaya herencia interminable que nos han dejado los libros de historia desde que Baralt hizo el primero para ensalzar a Páez! ¡Vaya flaco favor nos hicieron al meternos en la cabeza que el heroísmo solo se encuentra en un campo de batalla y que su precio se paga siempre con muertos y violencia! Definitivamente poco o nada hemos aprendido de Betancourt, de Medina, de Convit, Gallegos, Reverón y tantos otros que se han llenado de gloria sin soltar un solo tiro. Salvando el determinismo histórico, la actualidad nos enseña que seguimos creyendo que temeridad y farfulla son lo mismo que valentía, que la prudencia y la cobardía son la misma cosa, que solo hay gloria en el campo de batalla, que solo hay salidas y no cambios, que para cambiar al país tienen que haber muertos. Quizás fue porque nos enseñaron que los grandes héroes de la Patria son todos militares entrañables fustigadores de la disidencia, que seguimos siendo adictos al caudillismo y al sórdido grito de reivindicación que una y otra vez lanzan los políticos para ganar cuotas de poder a costillas del dolor social, para luego lanzarnos por un abismo y desaparecer como el borracho que le pega a la esposa y luego se sienta a la mesa a esperar el almuerzo. Seguimos siendo un pueblo visceral que toma sus decisiones de acuerdo a las emociones que le generan las proclamas y las canciones, y no conforme a aquello que razonablemente le conviene, probablemente porque aún carece de razón y desconoce su conveniencia. Por eso es que el “¡patria socialismo o muerte!”, el “no volverán” y “ni un paso atrás” todavía venden; por eso es que los ojos punzantes del autoritarismo aun nos vigilan desde la autopista en fondos multicolores y diseños modernos que nos recuerdan que los medios cambian pero las pasiones quedan.

La oposición venezolana dio señales de que algo había aprendido durante más de una década de revolución bolivariana cuando decidió sentarse junta en la misma Mesa de la Unidad Democrática; cuando convocó a primarias y  respetó su resultado, cuando decidió desistir del empleo de los grupos de poder para hacerse con el control de la Nación, cuando se olvidó de los caminos rápidos y sinuosos para avocarse a la lucha democrática. Pero lamentablemente no todos aprendieron del 11 de abril – mucho menos de la Guerra Federal o el 27 de febrero – y como es lógico, en ese conglomerado de posturas donde partidos como Movimiento Laborista y Primero Justicia se ponen bajo la misma tolda, hay quienes siguen jugando al loto de la incitación y el revanchismo que tantos dividendos pagó al “Gigante”, para hacerse con una mayor cuota del pueblo que no cree en la revolución y que adolece, lleno de angustia y desespero, los estragos de la crisis obscura en la que estamos sumergidos. Que poca originalidad la de López y Machado, pero sobre todo López, al venderle a sus adeptos la idea de que hay salidas expeditas a esta crisis social, que #lasalida es sacar al chavismo de Miraflores, creándoles así la falsa expectativa de que estamos como estamos solo por falta de protestas, porque somos más, porque nos han robado todo este tiempo, porque el líder que tenemos – que nosotros mismos elegimos y apoyamos cuatro veces – nos ha traicionado dejándose arropar por el letargo de la democracia y que si es posible despertar de esta pesadilla si nos abalanzamos todos a la calle a exigirle al gobierno que nos devuelva lo que es nuestro. Es la misma fórmula que en su momento aplicó Boves para nutrir su ejército de negros y pardos habidos de revancha sobre los blancos criollos, es la misma proclama visceral que capitaliza las frustraciones y la angustia de la gente para volverlos una tropa y mandarlos a que los maten otros venezolanos, igual de lacerados por el mismo discurso infame pero teñido de rojo. Quien promulga una opinión como esa sencillamente no entiende la complejidad y las dimensiones del conflicto que genera el caos en el que se sume Venezuela hoy. La protesta, como siempre he dicho, es un derecho sublime y fundamental para la existencia misma de la democracia, es imposible imaginar la discrepancia sin lucha y sin calle, pero otra cosa muy distinta es plantear el país como un campo de batalla en el que se dirime la lucha de una mitad por imponérsele a la otra. Esa fórmula ya la aplicó Chávez cuando fue mayoría aplastante y cerró el puente a la conciliación y el diálogo, porque no le interesaba ni lo necesitaba ya que al fin y al cabo tenía la mayoría y en democracia las mayorías son las que mandan. Caer en eso es un absurdo.

Sin embargo, aunque las luces naranjas sigan llamando a dejarse llevar por las emociones, hay quienes seguimos pensando que dada la complejidad del desafío que enfrentamos solo la conformación de una nueva mayoría indiscutible en la sociedad hará posible que cambios significativos se den en la Nación. Capriles ha demostrado – desmarcándose de estas posturas radicales  - estar consciente de la titánica y progresiva labor de la que requiere la sociedad para hacer un cambio posible; no es quemando cauchos ni tirando piedras como se convence a quienes tienen carencias y no creen en el proyecto de la MUD ”¿Quién le habla a esa mujer a ese hermano que sufre y está en una cola hoy, que no está pendiente de violencia ni de marchas, nada de eso, sino que está pendiente de ver cómo lleva la comida a su casa?¿quién les habla?” Es respondiendo esa pregunta y asumiendo el reto que supone ser un político verdadero en un país con tantas dificultades como este, solucionando problemas y trabajando por quienes nadie trabaja la forma adecuada de construir Nación. Hace bien Capriles al diferenciarse de quienes siguen creyendo que esto es una situación transitoria que se soluciona sacando al gobierno, demostrando así un talante de verdadero compromiso democrático que está por encima de cualquier interés personal. La historia nos pone en el compromiso de superarnos como sociedad a través de la tolerancia, el trabajo, la valentía y el respeto para convertirnos en ciudadanos y avanzar como país o quedarnos incrustados por siempre en el tremedal de Las Queseras del Medio y Campo Carabobo. No existe tal cosa como una salida inmediata, no existe tal cosa como el nuevo amanecer con un cambio en la silla de Miraflores, aquí lo que viene es lucha, trabajo y más trabajo. Yo como demócrata elegí ese camino, y como dijo Capriles “nosotros elegimos el camino que para algunos puede ser largo pero es el camino seguro, el de meternos en el corazón de todos los venezolanos”



 RL