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lunes, 1 de mayo de 2017

¿Qué significa la "constituyente" de Maduro para la República? Reflexiones de Hobbes, Caldera y Olavarría en un bar de la Galaxia



“Así es como muere la democracia en medio de un estruendo de aplausos” Senadora Leia Organa

Cuando el canciller Sheev Palpatine solicitó al Senado Galáctico poderes plenipotenciarios, en "Star Wars Episode Three: The Revenge of The Sith", todo el control militar de las tropas de la República fue transferido al Emperador bajo la promesa de que así se lograría finalizar la Guerra de los Clones.
Efectivamente la guerra finalizó, y entonces, el ejército de clones no regresó a las manos de la República, sentando las bases para su abolición y la creación del infame Imperio Galáctico.

¿Qué es una República y para qué sirve?

República, del latín “res puvlica” que significa “cosa pública” o “cuestión común”, es una forma de organizar el Estado y concentrar el poder, en principio, para ponerlo al servicio de los ciudadanos. Desde su acepción más simple, la República es esencialmente democrática, en tanto su mayor preocupación son los asuntos del pueblo.  Por ello la democracia es el mejor vehículo para fundir la alianza entre el origen, el ejecutor y el beneficiario del poder. La forma en que el poder se organiza y se administra dentro de la República ha sido el centro de un extenso debate, desde la Atenas antigua hasta el presente, en el cual se han expuesto las ideas que hoy dan forma al Estado moderno: Rousseau, Montesquieu, Madisson, entre otros han sido partícipes de ese debate.

Por eso es que en democracia la legitimidad (de la República) reside y emana del pueblo, el cual se expresa a través del voto.

La materialización de la utilidad de la República es también objeto de discusión. Allende su principio fundamental de servir al pueblo, los medios para alcanzar tal objetivo son el centro del debate político en el mundo libre. La cuestión es esa. No si las Repúblicas son buenas o no, o si deben servir al pueblo o no, la pregunta es cómo.

Esta forma de Estado también brinda el beneficio de servir como entorno propicio para el Mercado, como figura distributiva de la riqueza social. En sus ensayos sobre el derecho natural (iusnaturalis) el filósofo Thomas Hobbes acertaba que solo bajo un mínimo de condiciones de paz podían aparecer las instituciones sociales del mercado, el cual bien sea de paso, es el mejor instrumento para procurar el bienestar colectivo.

República, pueblo y mercado parecieran, entonces, estar hermanados.

Estas formas de Estado no son espontáneas. Las Repúblicas modernas son el fruto de un prolongado proceso de aprendizaje, el cual, a partir del conflicto entre las clases sociales por su inconformidad con otras formas de gobierno, dio lugar a esta particular forma de distribuir el poder que ha servido hasta ahora para proveer de una importante combinación de bienestar, justicia y estabilidad a la humanidad.

Pero mantener a las Repúblicas es costoso.

El 4 de febrero de 1992 el expresidente Rafael Caldera pronunció un discurso ante el antiguo Congreso de la República para referirse a los acontecimientos del Golpe de Estado dirigido por Hugo Chávez.

Link:

En él, Caldera menciona que ciertamente el Golpe significaba una lesión a las instituciones democráticas y el orden constitucional, pero que dadas las condiciones materiales que entonces atravesaba la sociedad, poco sentido tenía defender a la República en tanto esta no era capaz de satisfacer las mínimas necesidades del pueblo. Como si la República estuviese desconociendo el mandato para el cual fue constituida.

En 1998 Chávez es electo presidente de la República que el mismo había lesionado 6 años atrás. A partir de entonces, el militar hizo uso de los mecanismos democráticos para solicitarle al pueblo una mayor suma de poder, utilizando la equivalencia comunicacional entre líder y seguidores para justificar la conducción absoluta de Estado, y así, sepultar a la democracia en medio de un estruendo de aplausos.

La propuesta de la Asamblea Nacional Constituyente de Maduro supone una fractura definitiva del Estado republicano, pues salta sobre sus bases democráticas al proponer un esquema turbio para la elección de los asambleístas, y porque con ello, persigue el propósito de prolongar la estadía de su clase en el poder y no el bienestar del pueblo.

El chavismo utilizó a la democracia como medio para construirle su propia tumba. Hicieron elecciones mientras estas le fueron útiles a su proyecto. Ahora que ya no le son útiles, la desconocen y menosprecian con estructuras paralelas.

En los esquemas que rigen al chavismo, supuestos principios de una izquierda trasnochada y retrógrada que aún no se adapta a la nueva realidad del capitalismo mundial, el objetivo es hacer la revolución a través de la vanguardia del partido, aunque eso pueda significar, en algún momento, un detrimento del bienestar social.

Y todo esto es posible gracias a la anuencia de las Fuerzas Armadas.

Si la legitimidad emana del pueblo, la efectividad del poder reside en el monopolio de la violencia que esta detenta, y valga decir, que siempre puede haber monopolio de la violencia sin República.
Eso se llama dictadura.

Cuando el Canciller Palpatine dio la “Order 66” con la cual eliminó al consejo Jedi y a la mayoría de los integrantes de la Orden, lo hizo gracias a una “codificación” que los clones llevaban en sus genes, la cual, había sido introducida en secreto por los caminoanos.

El Chavismo tiene 18 años haciendo esa “codificación”.

El 5 de julio de 1999 Jorge Olavarría dio un discurso ante el Congreso de la República para referirse a las maneras del novel presidente Chávez. En él, señaló que este confundía la legitimidad que le confería ser electo por el pueblo con el poder absoluto del pueblo; él creía que eran la misma cosa, y que él, en sí mismo, era el propio pueblo.

Link:

Así fue como Chávez comenzó a desatar los demonios del militarismo. Usando a la democracia levantó el control que los civiles habían construido alrededor de los militares, para que ahora, 19 años después, estemos otra vez a la espera de lo que estos digan para dirimir el futuro de la República. Justo como estábamos hace un siglo.

Maduro quiere terminar de liberar el cepo, de poner fin al control que los civiles tenemos sobre los militares para hacer que la República esté a nuestro servicio, justo como hizo Sheev Palpatine con la República Galáctica. Bueno, al menos este lo hizo con un ejército de clones, incapaces de razonar por si mismos…


Ojalá este no sea el caso. Si no, ya sabemos que le pasó a la Galaxia.

miércoles, 26 de agosto de 2015

"El Cambiazo" Claves sobre el contrabando de billetes y la frontera zuliana.

     

        La economía venezolana es tan particular y tan única en su comprensión, que inclusive el nombre de los fenómenos económicos que en ella ocurren poseen nombres  particulares, típicos del ideario venezolano, como lo es el “bachaqueo” expresión coloquial alusiva a un tipo de insectos con la cual se denomina al arbitraje de bienes (fenómeno consistente en llevar artículos de un mercado con un precio menor a otro de precio mayor para generar una ganancia) y que se ha instaurado como una de las expresiones más perversas de la llamada Guerra Económica, a la cual se le atribuye la situación económica de ese país desde el discurso oficial.

            Aunque popularizado localmente, debido a los incentivos creados por la tasa de cambio bolívar/peso imperante en el mercado no oficial de divisas, el bachaqueo se ha extendido a la frontera colombo-venezolana, especialmente la ubicada en los estados venezolanos de Táchira y Zulia – ambos importantes centros poblados del país – para convertirse en lo que formalmente se denomina “contrabando de extracción”, alcanzando una nueva dimensión, solo comparable con los beneficios subyacentes tras la adquisición de casi cualquier bien en Venezuela por parte de tenedores de pesos colombianos.

            Por ejemplo, el precio de un kilogramo de leche pulverizada regulada en Maracaibo (VEN) tiene un precio de 70 Bs, mientras que del otro lado de la frontera, en Maicao (COL) el mismo kilogramo puede venderse por el equivalente a 500 Bs, creando grandes incentivos para la extracción, sobre todo para aquellas personas que no encuentran en el mercado laboral formal alternativas para cubrir sus necesidades básicas.

            Para detener este fenómeno, las autoridades venezolanas han implementado diversos mecanismos para intentar restringir las posibilidades de bachaquear y evitar los efectos que este fenómeno tiene sobre la escasez y la dotación relativa de los artículos objetos del arbitraje en estas zonas, como por ejemplo, la restricción de compra según el terminal del documento de identidad, el chip para el tanqueo de gasolina, entre otras medidas.

            Sin embargo, en el estado Zulia (territorio del occidente venezolano que limita con La Goajira colombiana), ocurre un fenómeno particular alrededor del contrabando de extracción que da lugar a un sistema paralelo que fija un “tipo de cambio” a lo interno de la misma moneda venezolana.

            Conocido entre los implicados como “el cambiazo”, el mecanismo consiste en la extracción de billetes venezolanos de alta denominación hasta la ciudad fronteriza de Maicao, en la cual son adquiridos por cambistas a cambio de una prima, que es pagada también en monedea venezolana pero en billetes de baja denominación, convirtiendo al dinero – inicialmente instrumento de pago- en otra mercancía atractiva para el arbitraje.

            La explicación detrás de tan particular fenómeno subyace en la demanda de dinero con fines transaccionales por parte de agentes residenciados en Colombia que adquieren productos en Venezuela, puesto que es más sencillo trasladar mayores sumas en billetes de alta denominación, permitiendo adquirir un mayor volumen de bienes.

            Es importante recalcar que se trata de un mercado informal, en el cual las operaciones tienen lugar en efectivo y sin fiscalización.

            El cambiazo consiste en que, por cada billete de 100 Bs pueden obtenerse entre 140 y 150 Bs en billetes de denominaciones menores, lo cual daría lugar a un “tipo de cambio” entre los billetes venezolanos de alta y baja denominación. Así pues, asumiendo que solo se intercambian billetes de 100 por billetes de 20, cada uno de los primeros valdría el equivalente a 7 unidades de los segundos, dando lugar a un incremento de la oferta monetaria, equivalente a 40 bs.

            Por ejemplo, una persona que lleve el equivalente a 5 mil bolívares en billetes de 100 Bs puede obtener una ganancia de 2 mil bolívares a través del cambiazo.

            ¿Por qué es posible este evento? La respuesta está las diferencias de precios entre los bienes en Maracaibo y Maicao generada por el tipo de cambio no oficial peso-bolívar imperante en la frontera; este diferencial da lugar a un ahorro para los consumidores tenedores de pesos, el cual permite financiar el interés pagado sobre el “billete grande”.

            Ante esta situación, las autoridades locales han optado por restringir la oferta de billetes de alta denominación en el estado Zulia, disponiendo un monto máximo para retiros en efectivo y expendio en cajeros automáticos.


            Al analizar los datos sobre la oferta de billetes según su denominación que publica el Banco Central de Venezuela se encuentra que, para el mes de junio, el 33% de las piezas en circulación son billetes de 100 bs, siendo esta la mayor proporción del total, mientras que la dotación de billetes de 20 alcanza solo un 12% de participación.
Asumiendo que la distribución inicial de piezas para la región zuliana es la misma que la presentada por el Banco Central, la dotación de billetes de menor denominación da lugar un número de piezas 40% mayor que el número de piezas de billetes de 100 bs, lo cual casualmente es el interés pagado por los cambistas por cada pieza de alta denominación.

            Las dimensiones de las diferencias de precios de los artículos en ambas naciones es tal, que sigue siendo atractivo para los tenedores de pesos adquirir una pieza de cambio (billete de bolívares) por un valor superior al valor facial, haciendo que se genere una tasa de interés sobre un activo (dinero) que en principio, no tiene ningún rendimiento.

            Partiendo de la sustituibilidad de los activos financieros, con este fenómeno es de esperarse que una mayor cantidad de zulianos deseen trasladar una mayor porción de su riqueza a efectivo por encima de otros activos financieros denominados en bolívares disponibles como cuentas bancarias de ahorro, depósitos a plazo entre otros, puesto que el rendimiento efectivo logrado a través del efectivo de alta denominación sería mucho más atractivo que el de estos activos tradicionales, ya de por sí con tasas de interés negativas como producto de los altos niveles de inflación.


            El fenómeno observado es resultado del diferencial cambiario existente entre las divisas de ambas naciones, claramente incentivado por los controles y subsidios de los cuales gozan bienes de primera necesidad que el Estado busca proteger para favorecer a los segmentos de la sociedad más desfavorecidos, pero que dan lugar a actividades de arbitraje que generan efectos no deseados sobre variables sensibles como la escasez, la informalidad y el contrabando.

martes, 25 de febrero de 2014

La cagamos, otra vez.



Entre el catálogo de insensateces que puede cometer un político venezolano hoy en día - y especialmente uno de oposición - la mayor de todas ellas es, sin lugar a dudas, desplegar un discurso complaciente que le diga a la masa lo que quiere oír aun cuando el mensaje discorde con la forma coherente de la realidad. Es esa instrumentación discursiva infame la que los politólogos denominan populismo y que tantos réditos ha pagado al chavismo en casi dos décadas de proselitismo y complacencia desmedida. Pero también es la misma receta que recientemente han aplicado los dirigentes Leopoldo López /MCM al dirigirse a la sociedad antichavista y proponerles La Salida al gobierno necrosado de Nicolás Maduro a través de mecanismos difusos, los cuales gozan de receptividad en la masa dado el contexto de obstinación y desespero en el cual se presentan, pero que a la postre terminan siendo estériles dada su naturaleza desordenada, inconexa, desorientada y excluyente de cara al Gobierno (actor principal), el pueblo antichavista y muchísimo más importante, de cara al pueblo chavista (además de otras razones que ya he explicado en publicaciones anteriores). Todo esto en el marco de una crisis económica diagnosticada como crónica y autoinmune, que empezaba – y continúa – a recrudecerse y hacer mella en ese electorado tradicionalmente oficialista pero que cada vez miraba con mayor recelo a Maduro, dado el impacto negativo ineludible que causan la escasez y la inflación, y que cuando volteó al otro lado de la verja para buscar una alternativa, se consiguió con basura y escombros ardiendo en medio de unas barricadas.    


El tema de la crisis económica no es cuento. Como es del dominio público los dos índices con mayor impacto en la sociedad – y principalmente en los segmentos de más escasos recursos – han evolucionado de forma meteórica en los últimos 6 meses alcanzando cifras record que se evidencian en anaqueles vacíos, colas humillantes para adquirir productos regulados, centros comerciales desiertos desde diciembre, contracción drástica del poder adquisitivo y descontento, mucho descontento. Es un error garrafal pensar que al chavista le gusta hacer colas afuera de los Mercales y pdvales para comprar una bolsa de leche, o que no se siente más pobre cada vez que pone un pie en la calle para ir a trabajar; es cierto, hay muchos que se creen la cháchara de la guerra económica – y todas las guerras clónicas que inventan en el laboratorio comunicacional del Gob. – pero hay una porción importante que no, creciente en la medida en que la situación se agrava, formando un mosto político que de no haber incurrido en desenfrenos impulsivos como La Salida, hubiesen significado una capitalización estratégicamente determinante para la oposición.

Aunado a ese caldo de cultivo para el malestar creado y atizado por Giordani, Ramírez, Merentes y su séquito, se encuentra la horizontalidad política que supone un receso electoral de casi dos años, de aquí hasta diciembre de 2015 cuando sean las elecciones parlamentarias. Un receso electoral se traduce en una oportunidad para los partidos políticos – que son las agrupaciones sobre las cuales, en últimas, se fundamenta la democracia – de hacer lo que se conoce como trabajo de base, lo cual no es otra cosa que dedicarse a fortalecer la ascendencia discursiva en los grupos organizados de la sociedad (universidades, sindicatos, juntas vecinales, consejos comunales, asociaciones civiles etc…) principalmente en aquellos sectores donde se tiene menor influencia, es decir en los barrios. La importancia de este trabajo es inmensurable y además ya ha demostrado dar réditos a quienes la han practicado, Ocariz en Petare, Henri Falcón en Lara, Machín en Barinas, son algunos de los escasísimos ejemplos en los que la oposición ha hecho trabajo de base y ha conquistado espacios electorales que antes tenía fuera de su espectro. ¿Cuántas personas cree usted que aportan los sindicatos y los consejos comunales – por mencionar solo dos tipos de organizaciones sociales – a las concentraciones del chavismo?, motus proprio o no, tenga la seguridad de que son muchas y a través de ellas se consiguen muchos votos en las elecciones; lo mismo pasa con los partidos políticos y su capacidad de acción, la cual se nutre del trabajo y capacitación de sus activistas. Hoy por hoy la oposición no tiene una maquinaria comparable ni en los más idílicos sueños a la del chavismo, la cual le permita articular esfuerzos para la consecución de objetivos (marchas, elecciones, concentraciones etc), y por eso es incapaz de penetrar con eficiencia en los fortines rojos los cuales han sido blindados sin descanso durante 15 años. Y como si todas estas desventajas estratégicas fueran poco, está el resultado de las elecciones municipales del 8D, que fueron planteadas por iniciativa propia de la oposición como un plebiscito y que significaron una derrota electoral además de una legitimación del gobierno de Maduro, quiérase o no, que termina por restar más fuerzas al argumento sobre el que se plantea La Salida, de que la mayoría del país desaprueba la gestión de Maduro. Es en este contexto donde López y Machado emprenden su aventura de insurreccionar al pueblo ante el mal gobierno y los abusos para que, como una aplanadora, este imponga su voluntad soberana a los excesos de la partidización del Estado y se reestablezca el estado de derecho en la nación. 

La insurrección popular es el mecanismo último de restitución de la voluntad nacional cuando el Estado ha sido secuestrado por un grupo de poder, impidiendo que los mecanismos de alternancia y cambio previstos dentro de sí mismo (la Constitución) sean valederos para cesar la opresión del pueblo representado por su gran mayoría, si el sistema fuese democrático. Mayoría, esa es la palabra clave para comprender la inconveniencia del emprendimiento de López/Machado en el contexto descrito anteriormente. Existe un consenso entre los venezolanos sensatos (descarte de una vez a la cúpula chavista) sobre la fractura casi simétrica de la población en dos partes que se contraponen la una a la otra en un incesante juego de destrucción que impide, además del progreso y el desarrollo idóneo del país como Nación, la imposición de la voluntad absoluta de una facción sobre la otra, al menos sin que eso signifique una resistencia sensible que genere un clima de tensión y separación social funesto al tanto que propicio para la proliferación del radicalismo y la violencia. Es precisamente esa suerte de ambivalencia política de la sociedad lo que hace inviable una maniobra como La Salida, que nuevamente, supone el cese del gobierno chavista como respuesta a la demanda de – en el más ideal de los casos – la mitad de la sociedad venezolana activamente en la calle. Es imposible, léaseme bien, imposible imponer la voluntad soberana del pueblo, aun en una situación de absoluto secuestro del Estado por parte del chavismo, cuando no existe una gran mayoría nacional que represente el inmenso e irrevocable deseo de la población en cuanto a la permanencia o no de un grupo político en el gobierno, bajo los preceptos que rigen la democracia aun en desobediencia civil y sin que ello signifique un golpe de Estado. Es contradictorio el discurso de La Salida cuando se reconoce la división igualitaria de la población (que no es lo mismo que del país, el país también contempla al Gobierno, la fuerza armada y dentro de la misma población ese segmento que está armado y organizado para defender su cuota de poder) pero a la vez propone la imposición de una Voluntad Popular que ni siquiera está definida; es decir, le dice al pueblo opositor que es posible deponer el mal gobierno de Maduro sin hacer previamente un trabajo de captación del sector inconforme del chavismo y su posterior articulación para la consecución efectiva de objetivos, a través de la participación activa de la ciudadanía en los sectores marginales,  lo que en criollo se denomina: vender humo.


Las expectativas sobredimensionadas que crea el discurso populista generan una reacción impulsiva y desordenada de quienes reciben el mensaje. Este impulso, tan brusco como vigoroso, ciertamente puede ser útil para arrancar otros procesos que de forma indirecta desaten una cadena de eventos favorables que terminen por cristalizar los objetivos primarios, y en eso le doy la razón a López/Machado. Pero para que eso ocurra tiene que existir una dirigencia política apta que canalice y ordene ese impulso de forma tal que no se diluya producto de la ineficacia y que por el contrario, su acción se focalice en aquellos medios donde puede desatar otros acontecimientos deseables. Pero también en ese sentido hemos fallado (y aquí comparto la culpa porque reconozco no haber hecho nada por ser parte de esa dirigencia en mi entorno, en mí caso, estudiantil) al dejar a la libre interpretación de la población que compró el discurso la forma de protestar, los horarios y los sitios, lo que ha terminado por generar este desorden de barricadas y guarimbas en puntos históricamente opositores de las ciudades históricamente opositoras, encerrándonos en nuestras propias calles, tragando nuestro propio humo, durante las noches cuando la guardia y los colectivos vienen a masacrar. No es que la barricada esté completamente mal, pues sirve para mantener vivo el movimiento mientras que en la Mesa de la Unidad se acaban los puñales y se decantan por una u otra postura, pero es a todas luces una protesta estéril e infructuosa que por demás se alimenta del abuso Guber-y Paraguber-namental puesto que, y en ese sentido dejémonos de formalismos, es la represión lo que hace interesante a la rebelión. Además de todo cuando López se hace apresar – porque era obvio que el gobierno iba inventar algún pretexto para encarcelarlo – le echa leña a esa hoguera que es el ánimo de la gente harta de esta miseria en la que la Revolución ha convertido al país y que está dispuesta a fajarse con quien sea para sacar al gobierno y, ahora con renovados vigores, sacar a su líder de la cárcel. No hay nada más romántico que un encarcelamiento injusto y la subsecuente tragedia de su rescate, eso lo sabía López y con ello se logró posicionar cuidado y si no como líder absoluto de la oposición – todo esto en desmedro de Capriles, que no hace falta decir cuánto ha hecho por la democracia – con la mira puesta, quizás no en el corto plazo, pero si definitivamente en Miraflores. 

Toda esta zambumbia política-social-económica, tristemente acompañada de jóvenes muertos, heridos, torturados, violados y desaparecidos; con un desbordamiento del uso infame y represivo de la fuerza bruta de las manos armadas (militares y colectivos), que no hace otra cosa más que desenmascarar ante el mundo – aunque a los efectos internos eso es de poca y ninguna ayuda – el carácter abusivo, estalinista y dictatorial de este régimen; todo este caos le viene como anillo al dedo al gobierno para zafarse una vez más de la responsabilidad de su ineptitud ante su parcialidad. Como una piedra de pelar ajos, el chavismo ha empleado la misma táctica de desviación de atención desde que llegaron al poder y la oposición, sistemáticamente y de forma absurda, le ha comprado la pólvora. Las guarimbas y barricadas, todas atribuibles a La Salida, son insumos de excusas para justificar los males que ellos mismos crearon – sobre todo la escasez que es el fenómeno con mayor costo político asociado – por su ineptitud en el manejo del país. No van a demorar, si es que ya no lo están haciendo, los funcionarios que salgan a declarar que la escasez es porque los camiones no pueden circular por las barricadas, o que el racionamiento de comida en PDVAL es por saqueos y problemas en el transporte fruto de los “grupúsculos violentos fascistas, mil veces fascistas” como ahora se han empeñado en llamar a los manifestantes estos tipos fachos del gobierno. 

La incapacidad de rebatir el discurso adoctrinador y el flujo de información manipulada que emana del sistema gobbeliano y hegemónico de información oficial, estratégicamente elaborado para dar vida de forma masiva a cualquier fantasía retorcida que fecunden las mentes castrenses, castradas y castro-comunistas de la élite revolucionaria, representa una desventaja abismal. Tal será el poder de distorsión de ese aparato que fue capaz de hacer invisible en la redoma de Petare una concentración de 9 cuadras en la av. Francisco de Miranda a la altura de La California a solo un kilómetro de distancia. Olvídese de que con Twitter y Facebook será posible ni siquiera acercarse al poder de una cadena nacional, menos repetida sistemáticamente, con un discurso manipulado y estructurado para aniquilar cualquier posible consideración de la oposición como alternativa política no violenta en la mente de un chavista. 


¿Cuáles son las alternativas para la oposición? ¿Mantenerse quemando cauchos y haciendo barricadas? Por sí solo es estéril y muy costoso socialmente ¿Una guerra civil? Imposible, además de ser una infamia no hay posibilidad de combate cuando se enfrenta al ejército regular, al irregular, a los colectivos armados, la milicia y el pueblo chavista. Una guerra civil es imposible, una masacre suena más factible. ¿Asumir la conducción absoluta de la protesta? Es lo más razonable, pero implica definir una línea clara que no es popular en estos momentos. Es necesario que alguien (Capriles está llamado a hacerlo) haga una exposición sin pelos en la lengua de la situación, le diga a la gente que se deje de esa pendejada de estar quemando calles y que se active a marchar masivamente y a patear calle en los barrios y caseríos. Cada vez que hay una cadena, cada vez que un chavista pasa por una calle trancada, cada vez que se produce una situación anárquica, cada vez que eso pasa y pasa por la mente de un chavista descontento, la oposición se debilita; no porque pierda adeptos sino porque se cierra las puertas para ganarlos, es una especie de auto-campaña de descrédito. Piénselo así, si usted está incómodo con su líder y está buscando una nueva propuesta, no va a optar por la de los cauchos en llamas y los tipos con capuchas. 

Ojalá yo esté equivocado en todo lo que dije, y más aún, ojalá aún no sea demasiado tarde.

RL